Relato corto – “Encuentro en la oscuridad”

Vale, aquí viene otro relato, que llevo escribiendo desde hace unos días. Se me ocurrió la idea cuando hace poco fuí de viaje con unos amigos a un pueblo. Los eventos que allí ocurrieron me sirvieron de inspiración, asi que a la vez que escribía un relato con algo de ciencia ficción y misterio (tenía ganas), también quise rendirle homenaje al viaje… y aquí está el resultado.

Espero que os guste 😀

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Era pleno otoño. No hacía mucho que dejé mi último empleo: controlador de parquímetros. Era un trabajo muy alentador, en el que te pateas calles con un chalequito la mar de cómodo y recibes suaves susurros en el oído, de gente que te llama de todo menos guapo por haberles puesto una multa. No aguantaba más, así que lo dejé; sé que un trabajo es un trabajo, y da dinero por muy desagradable que sea, pero no podía aguantarlo más. Necesitaba un cambio de aires, alejarme por una temporada de la ciudad. Casualmente, un amigo me ofreció hospedarme unos días en una casita que tiene en su pueblo, rodeado de campo, montañas y grandes terrenos desérticos. Además, según me dijo, el pueblecito no tenía muchos habitantes, que era justo lo que quería. Ideal para relajarme y desconectar.

Una vez llegamos allí, tras instalarnos en la casita (bastante acogedora por cierto), decidimos salir a dar un paseo. De esa forma, mi amigo me enseñaría el pueblo y a su vez, tomaríamos un poco de aire fresco.

La población no era muy extensa, pero había suficientes habitantes como para llenar de vida el ambiente; gente tomando unas cervezas en un bar, niños montando en bicicleta, un grupo de chicos y chicas jóvenes haciendo una barbacoa (hasta que uno de ellos se prendió accidentalmente el pantalón con una brasa). El olor de la carne haciendose nos acompañó durante unos minutos del paseo, y nos dió hambre. Paramos en un Mercadona que nos pillaba de camino, y compramos cosas para comer mientras paseábamos; al menos, mataríamos el gusanillo y no perderíamos tiempo de paseo.

Tras varias horas caminando, que se nos pasaron volando hablando y contemplando el paisaje, empezó a atardecer. Mi amigo me dijo que no tardaría en llegar la noche, y con ella, la oscuridad, pero yo le dije que me apetecía pasear de noche por ese lugar; cansado de las noches en la ciudad, me apetecía sentir la noche de campo, asi que seguimos caminando. Llegamos a  un camino, que llevaba a la cima de una colina; mi amigo me dijo “subamos, ya verás qué vistas”, asi que no me pude negar. En lo alto,  se podía ver por encima de una niebla algo espesa, y un frondoso bosque que acompañaba a las montañas. Lo que más destacaba del lugar sin embargo, no era la altitud de la colina, ni el paisaje tranquilo y relajante… sino una hermita abandonada, en la que el tiempo había dejado su huella. Cuando la ví, me pareció muy bonita y digna de fotografiar, pero según fue anocheciendo y la oscuridad nos iba envolvendo, la idea de estar allí no me parecía tan atractiva.

Os pondré en situación: era oscuro, muy oscuro; no tenía nada que ver con la noche que se ve en la ciudad. Aquí, no había ninguna luz, a excepción de la Luna. No se veía una maldita cosa a más de 2 metros, y aunque se pudiera pensar que es terrorífico verse envuelto en tanta inmensidad de negrura… lo cierto es que era aún más aterrador el silencio que había; no se oía absolutamente nada. Sólo se sentían las caricias del viento nocturno chocando con los árboles de la zona, y algunos chasquidos de ramitas secas partiendose bajo nuestros pies… cualquier sonido, por muy ligero que fuese, se escuchaba multiplicado por 100. Sólo de recordarlo, se me pone la carne de gallina. Era bonito, y acongojante al mismo tiempo.

Mientras admiraba el aspecto bello y siniestro del panorama, le pregunté a mi amigo en tono de broma, si pasábamos la noche en ese lugar. No obtuve respuesta. Me disponía a darme la vuelta, mosqueado, para ver si mi amigo seguía allí o me había dejado tirado, cuando sentí que algo rozaba suavemente mi nuca, a la vez que susurraba mi nombre lentamente. En ese momento, agradecí el recordar que llevaba pantalones de sobra en el equipaje. Era el cabrón de mi amigo, que me dió el susto de mi vida, con algunas canas extra en el pelo de regalo.

Tras ese momento de tensión por mi parte, no pudimos evitar reirnos a carcajadas. Pero las risas no duraron mucho, ya que el ruido de un árbol partiendose en dos, nos robó la voz de las cuerdas vocales. Algo se aproximaba, y esta vez no era gracioso. Estábamos completamente solos, o eso creíamos hasta que algo se abría paso por el bosque, destrozándolo, acercándose a nuestra posición.

Normalmente, ante una situación así, se suele salir corriendo al grito de ‘sálvese quien pueda’, pero estábamos tan tensos por ese espectáculo, que los músculos no nos respondían, y aunque ambos tratábamos de relajarnos mentalmente pensando que era el viento azotando con fuerza, en realidad sabíamos que algo no iba bien. Quisimos correr, pero no pudimos. De entre la oscuridad, que cada vez se iba volviendo más espesa, se dejaron ver unas luces rojas, como faros, que se aproximaban a nosotros.

Las luces rojas se detuvieron justo delante nuestra; estaban tan cerca, que pudimos ver de dónde procedían: una figura encorvada, delgada y que no emitía ningún signo de vida; no respiraba, ni hacía ruido al moverse… sólo observaba.

De repente, la figura rompió el silencio de la noche, cuando dijo algo con una voz ronca y que helaba los huesos:

-“Soy nuevo por aquí. Quería llegar al pueblo, pero me he perdido en el bosque”.

Tardamos un buen rato en asimilar tal situación (quién no), pero al final decidimos llevar a la figura al pueblo. Era bastante maja, y aunque tenía un aspecto amenazante, contaba unos chistes de humor negro desternillantes. Al llegar al pueblo, como nos pillaba de camino, decidimos ir a un bar a tomar algo, y pasar el mal trago de hace un rato.

La gente nos miraba raro, y alguno que otro aceleraba el paso o se apartaba, pero fueron unas vacaciones geniales. Gracias a mi amigo, a la figura tenebrosa y a ese ambiente que tenía el pueblo, pude desconectar de la ciudad. Quedamos en regresar al pueblo los 3 el próximo año, y pasar la noche en la hermita abandonada, bañarnos en el río, o contar más chistes de humor negro.

Estoy deseando volver.

 

Siento haber roto el estilo de misterio de forma tan absurda, pero es que me cuesta horrores no meter humor tonto en las cosas. A ver si para la próxima vez…

Un saludo, y nos vemos en la siguiente actualización ^^

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